Una correcta división celular meiótica resulta fundamental para la formación de los gametos. Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid han comprobado en una planta cómo un tipo de proteína argonauta resulta clave para que esta división se realice correctamente.
Las plantas pueden crecer más rápido a medida que aumentan las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, pero solo si tienen suficiente nitrógeno o si se asocian con hongos que las ayudan a conseguirlo, según una nueva investigación publicada en la revista Science, liderada por un español en Londres.
Científicos de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid han estudiado los procesos que determinan el patrón espacial de las plantas de alta montaña para conocer la dinámica de sus poblaciones. El equipo ya había demostrado que las modificaciones de precipitación y temperatura derivadas del cambio climático están poniendo en peligro las poblaciones algunas plantas perennes en la Sierra de Guadarrama, que forma parte de una comunidad de prados de alta montaña protegida por de la Directiva de Hábitats.
Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid han identificado los mecanismos moleculares que controlan la huida de la luz de las raíces y el papel de los flavonoles en la integración de las señales hormonales y especies reactivas de oxígeno para el control del balance entre proliferación y diferenciación celular.
Una nueva hipótesis, planteada por un equipo de investigadores de la Universidad de Barcelona y la Universidad de Virginia (EE UU) indica que crecer y morir en ciclos constantes y repetidos es una estrategia clave para el éxito de la planta Carpobrotus edulis, una especie exótica e invasiva en muchos países de todo el mundo cuya táctica le permite invadir espacios nuevos sin dejar ni rastro de otras especies vegetales.
Desde 1982, la Tierra se ha enverdecido en unos 36 millones de km2, una superficie parecida a dos veces los EE UU. Un equipo internacional con participación española ha captado el aumento de la superficie foliar terrestre a partir de imágenes de satélites, y revela que el enverdecimiento es resultado del efecto fertilizante que ejerce el dióxido de carbono atmosférico sobre las plantas. Sin embargo, los científicos aseguran que esto no significa que el aumento de CO2 sea positivo para el clima.
Algunas especies de plantas son capaces de colonizar nuevos hábitats gracias a los pájaros que transportan sus semillas en el plumaje o el tracto digestivo. Hasta hace poco se sabía que las aves podían hacerlo a pequeñas distancias, pero un nuevo estudio demuestra que también son capaces de dispersarlas a más de 300 kilómetros. Para los científicos, esta función podría ser clave frente al cambio climático, ya que permitiría la supervivencia de muchas especies.
En las plantas existe una estructura llamada epicáliz, que se cree que atrae a polinizadores, protege el ovario, facilita la germinación y dispersa frutos y semillas. Pero hasta ahora se había especulado sobre sus funciones y su origen. Un equipo del científicos del Real Jardín Botánico (CSIC) ha estudiado el desarrollo floral en las especies Lavatera trimestris y Malva hispanica y propone una novedosa hipótesis: el epicáliz es una hoja altamente modificada.
Cuando nuestro cuerpo sufre el ataque de un virus genera anticuerpos para tratar de defenderse. De la misma forma, el organismo de las plantas reacciona ante la presencia de patógenos produciendo especies reactivas de oxígeno, principalmente agua oxigenada a través de una enzima. Un nuevo estudio analiza el modo en el que las plantas reaccionan ante el ataque de agentes nocivos sin afectar a las células sanas.
Bautizar científicamente a una especie recién descubierta puede dar más quebraderos de cabeza que pensar cómo se llamará un bebé. Se necesita mayor consenso, pero sobre todo, más imaginación. Algunas, como la araña Heteropoda davidbowie, disfrutan de la fama de su homenajeado. Sin embargo, en la historia de la taxonomía no solo hay reconocimientos, sino también odios y códigos secretos.