El suelo de las marismas aguanta olas de dos metros, pero su vegetación se rompe

Un equipo de Países Bajos trasladó bloques de una marisma real a uno de los mayores canales de oleaje del mundo y los sometió a olas de hasta dos metros, según publica hoy Nature. Sus resultados muestran que estos humedales protegen mejor las costas resguardadas que las más expuestas a los temporales.

Pim Willemsen y Victoria Mason, dos de los autores del estudio, en una marisma de los Países Bajos. / Guus Schoonewille para Deltares

En España llamamos marismas a terrenos muy llanos y bajos, junto a la costa o en la desembocadura de los ríos, que el mar cubre y deja al descubierto con el vaivén de las mareas. Son paisajes de barro y plantas adaptadas a la sal, como las marismas del Odiel, la bahía de Cádiz o Santoña. Destacan por albergar una excepcional biodiversidad.

En Países Bajos, las marismas saladas (o kwelders, en neerlandés) se extienden sobre todo por la costa del mar de Frisia y del delta suroccidental, a menudo delante de los diques. Allí, las tormentas del mar del Norte pueden subir el nivel del agua varios metros y dejar la marisma sumergida bajo olas grandes, algo poco habitual en España. Su papel como barrera natural es clave en un país donde una cuarta parte del territorio está por debajo del nivel del mar y casi el 60 % puede inundarse.

Ahora, un experimento publicado en Nature ha puesto a prueba esa protección frente a olas de hasta dos metros. El suelo de la marisma apenas se erosionó, pero su vegetación se fue rompiendo y solo frenó el oleaje de forma notable en costas resguardadas, con olas de hasta un metro.

Operarios con casco y chaleco reflectante trabajan entre las altas paredes de hormigón de un canal, sobre bloques cubiertos de hierba.

Operarios colocan los bloques de marisma en el canal de oleaje Delta Flume (Países Bajos). En total se instalaron 66 bloques, que formaron 306 m² de marisma. / Guus Schoonewille para Deltares

El reto de trasladar una marisma

En septiembre y octubre de 2023, el proyecto cortó 66 bloques de marisma real, de entre 3 000 y 6 000 kilos, en la reserva de Peazemerlannen (mar de Frisia). Los extrajeron de la zona alta de la marisma, por encima del nivel de las mareas vivas, con moldes de 2 × 2 metros y excavadoras de 35 a 50 toneladas. Eligieron el periodo entre la época de cría y la de temporales para no molestar a la fauna.

Pim Willemsen, investigador de la Universidad de Wageningen y Deltares, lo compara con usar “un cortador de galletas gigante”. Unos veinte camiones llevaron los bloques al Deltares Delta Flume, uno de los mayores canales de oleaje del mundo, donde los investigadores los cuidaron durante todo el invierno. Casualmente, días después de recoger los últimos bloques y retirar todo el equipo, la marisma quedó inundada. “¡Bastante emocionante!”, recuerda.

Estos humedales se consideran cada vez más una defensa natural frente a los temporales. Frenan las olas por dos vías: su suelo elevado y el rozamiento de su vegetación. Sin embargo, faltaban datos sobre qué ocurre con olas de más de un metro.

Dos operarios con casco amarillo y chaleco reflectante junto a una zanja abierta en una marisma de hierba alta.

Extracción de uno de los bloques en la reserva de Peazemerlannen, en el mar de Frisia. Cada bloque medía unos 2 × 2 metros y pesaba entre 3.000 y 6.000 kilos. / Guus Schoonewille

El suelo de las marismas aguanta temporales

En el canal Delta Flume, el equipo montó 306 metros cuadrados de marisma delante de un dique artificial y la sometió durante unas 29 horas a olas cada vez mayores, de 0,75 a 2 metros de altura. En las últimas ocho horas retiraron la parte aérea de las plantas para medir cuánto aportaba.

Tras 21 horas de temporal, el suelo de la marisma solo bajó siete milímetros

“En condiciones de temporal extremo, el suelo de la marisma se mantuvo estable”, explica Willemsen a SINC. En 21 horas, la superficie bajó de media solo siete milímetros, sujeta por las raíces. La vegetación, en cambio, perdió hasta el 80 % de su biomasa y casi la mitad de la longitud de sus tallos. “Aun así, su contribución a frenar las olas se mantuvo”, añade Willemsen.

Al extrapolar los resultados a todo el mundo, los autores calculan que, en costas resguardadas con olas de hasta un metro, las plantas reducen el oleaje entre un 10 y un 50 %. Con olas mayores, no más de un 10 %.

Olas cubiertas de espuma avanzan por un largo canal de hormigón flanqueado por raíles.

Olas en el Delta Flume durante el ensayo. La marisma soportó unas 29 horas de oleaje creciente, con olas de entre 0,75 y 2 metros de altura. / Deltares

Aliadas, no sustitutas

“Las marismas no pueden sustituir a los diques. Deberíamos aspirar a una defensa costera híbrida, en la que diques y marismas vayan de la mano”, señala Willemsen.

Deberíamos aspirar a una defensa costera híbrida, en la que diques y marismas vayan de la mano.

Pim Willemsen, autor principal

Sobre las marismas españolas, el investigador es prudente. Como muchas están en costas abrigadas, espera “oleajes de temporal moderados”, aunque “para sacar conclusiones habría que evaluar mejor la situación local”.

Vicente Negro, catedrático de Ingeniería de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid, considera en declaraciones al SMC España que las marismas españolas no tienen “relación con el oleaje extremo que se ensaya”. Además, advierte que los bloques estaban confinados en el canal, por lo que en terreno natural los resultados “serían probablemente peores”. Aun así, valora la investigación como “de mucho valor e interesante”.

Una investigadora toma notas de pie y un investigador se agacha entre la hierba de una marisma junto a la orilla.

Pim Willemsen y Victoria Mason, autores del estudio, en una marisma de los Países Bajos. / Guus Schoonewille para Deltares

Los propios autores reconocen que solo probaron una especie, la gramínea Elymus athericus, en estado invernal. Como se rompe con facilidad, consideran sus resultados una estimación conservadora.

Para Willemsen, el primer paso es “proteger lo que tenemos” y dar a las marismas sedimento y espacio para crecer con la subida del mar. Un cambio de mirada en un país que lleva siglos ganando terreno al mar con diques y pólderes, y que ahora busca en ellas aliadas para defenderlo.

Referencia:

Willemsen, P. W. J. M. et al. “The contribution of salt marshes to wave attenuation during extreme storms”. Nature (2026). 

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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