Dos nuevos terremotos han vuelto a sacudir Turquía en la noche de ayer. A la vista de estas réplicas y de los efectos tan catastróficos de estos fenómenos, cabe preguntarse por qué la ciencia no es capaz de saber cuándo y en qué lugar se producirán. Las nuevas técnicas de procesamiento masivo de datos mejoran la prevención sismológica, pero sigue siendo un desafío predecirlos.
Dos temblores de magnitudes 6,4 y 5,8, respectivamente, han tenido lugar en la noche del lunes en la provincia turca de Hatay. La catástrofe ha ocurrido dos semanas después de los seísmos que dejaron más de 40.000 fallecidos.
Los devastadores terremotos del sur de Turquía y el norte de Siria han dejado ya más de 46.000 muertos, pero lo peor puede estar aún por venir. Los supervivientes se enfrentan ahora a riesgos sanitarios que van desde las complicaciones que pueden sufrir por las fracturas y amputaciones, a enfermedades infecciosas y brotes de cólera por la destrucción de los sistemas de saneamiento. Además, el coronavirus puede ser una nueva amenaza en esos lugares, debido al hacinamiento en los refugios.
La respuesta a la pregunta de si se aprendió algo de los grandes terremotos de 1999 y 2011 en Turquía es clara: se aprendió, y mucho. Los ingenieros y arquitectos turcos disponen del conocimiento para diseñar y construir edificios resistentes a terremotos. Los han sufrido históricamente. Saben qué se puede hacer, y qué no, para una edificación segura. Desafortunadamente, este conocimiento no se ha llevado a la práctica.
Una vez más la Tierra nos recuerda que no habitamos un planeta estático, y que sus procesos geodinámicos golpean a nuestra sociedad dramáticamente con una tozuda recurrencia. Tras la activación de varias fallas, los movimientos sísmicos que han afectado a Turquía y Siria han producido aceleraciones en el suelo con valores especialmente altos, lo que podría explicar la gran cantidad de daños, con la pérdida de miles de vidas humanas.
Los días previos a la erupción del popular volcán islandés se redujo la actividad sísmica y deformación del terreno circundante. Además, la composición y procedencia de la lava también cambió a lo largo del tiempo. Así lo recogen dos estudios publicados en Nature.
Tras el terremoto de magnitud 7,4 registrado este miércoles en el norte del país, Japón ha informado por el momento de cuatro personas fallecidas y dos centenares de heridos, además de cuantiosos daños materiales. En la central de Fukushima-Daiichi, en pleno proceso de desmantelamiento, se han detectado algunas incidencias pero ninguna variación en los niveles de radiación.
Alerta de tsunami en Japón por un terremoto de magnitud 7,3. / EFE/EPA/USGS
Los seísmos no parecen afectar a esta península mexicana, aunque sí los huracanes. Sin embargo, el hallazgo de crestas de rocas de cinco metros de altura en la costa, provocadas por olas extremas, hacen sospechar de eventos sísmicos importantes en la zona durante el Holoceno. Los científicos sugieren revisar los protocolos de riesgos sísmicos y tsunamis del área.