Un nuevo análisis de mediciones recopiladas entre 1950 y 2025 revela que estos cambios se extienden bajo la superficie. El fenómeno se intensifica especialmente en el Adriático, donde las aguas que se hunden son hoy más cálidas y saladas, con posibles consecuencias para la circulación y la vida del fondo marino.
Según cálculos de la organización Climate Central, la persona media en España experimentó 62 días con temperaturas que superan el 90 % de los registros históricos locales entre 1991 y 2020, de los que la mitad no se habrían producido sin el calentamiento causado por el ser humano. Además, 7 de los 10 países con las cifras más anormalmente altas del mundo fueron europeos.
Antes se pensaba que el calentamiento de los océanos provocaría la reducción directa de estos animales, pero un estudio de más de 23 000 especies prevé que las variaciones fisionómicas no serán del todo uniformes y que algunos de ellos también podrían aumentar.
El cultivo de bivalvos depende de un equilibrio ambiental especialmente sensible a los cambios de temperatura, salinidad y oxígeno. Los extremos climáticos alteran esas condiciones y amenazan una actividad económica muy ligada a la estabilidad de los ecosistemas costeros.
Las temperaturas récord registradas este verano confirman una tendencia especialmente acusada en esta cuenca, con efectos sobre el nivel del mar y los ecosistemas.
El calentamiento del mar favorece la llegada de esta especie a las costas gallegas. El hallazgo, liderado por un equipo del Instituto Español de Oceanografía, supone la cita más septentrional registrada hasta la fecha en aguas europeas y una expansión de más de 500 km respecto a su distribución conocida.
Un estudio publicado por la revista Science en el que participa la Universidad de Granada revela que especies como el atún o el tiburón blanco podrían sufrir sobrecalentamiento al aumentar la temperatura de los océanos.
Según los resultados de esta investigación, sin las temperaturas excepcionalmente altas de la superficie del mar en el Atlántico Norte y en el Mediterráneo, la lluvia en el día más extremo del episodio habría podido ser hasta un 40 % menor.
La rápida transformación del casquete de hielo groenlandés se consolida como una señal inequívoca del calentamiento global. Nuevos datos revelan una aceleración alarmante de los episodios extremos de fusión, con impactos crecientes sobre el nivel del mar y la estabilidad climática del Ártico.
En 2025, el Mediterráneo alcanzó temperaturas históricas y prolongados episodios de calor en el mar, con máximos históricos en las Illes Balears, según el informe anual del SOCIB. Los datos también muestran incremento de salinidad y aceleración de la subida del nivel del agua.