Cuando la fruta y las verduras escasean, los monos capuchinos se lanzan a comer carne

Un estudio basado en más de 5 000 horas de observación en el noreste de Brasil sugiere que la depredación de pequeños animales actuó como un amortiguador nutricional clave, un patrón conductual que podría arrojar luz sobre los orígenes del carnivorismo en los homínidos primitivos.

Un mono capuchino escoge a un ave como su presa
Un mono capuchino escoge a un ave como su presa. / Luciano Candisani

Durante años se ha asumido que la caza de vertebrados y el consumo de carne eran rasgos prácticamente exclusivos de los homínidos y de sus parientes más cercanos, como los chimpancés. Sin embargo, la flexibilidad alimentaria de otros primates evolutivamente más lejanos muestra que la transición hacia una dieta carnívora (como la emprendida por nuestro antepasado, el Homo erectus, hace 2,5 millones de años) puede responder a presiones ambientales comunes.

Registraron 446 episodios de depredación de vertebrados por parte de monos capuchimos, lo que equivale a una tasa media de 6,4 capturas por cada 100 horas de observación

Esta semana, un equipo internacional de investigadores ha documentado con detalle cómo los monos capuchinos barbudos (Sapajus libidinosus) recurren de forma sistemática a la caza de pequeños vertebrados en periodos donde sus vegetales preferidos brillan por su ausencia.

El estudio, publicado este miércoles en la revista PLOS One, analiza más de 5 000 horas de comportamiento recopiladas a lo largo de 45 meses en la Fazenda Boa Vista, una zona semiárida del noreste brasileño situada en la transición entre las áreas biológicas (biomas) del Cerrado y la Caatinga. En total, los científicos registraron 446 episodios de depredación de vertebrados, lo que equivale a una tasa media de 6,4 capturas por cada 100 horas de observación.

Despensa de emergencia ante la sequía

Las observaciones revelaron que las presas más habituales de los capuchinos fueron los lagartos (43 %) y los roedores (28 %), aunque también se registraron por primera vez en esta especie capturas de marsupiales como la comadreja, iguanas, serpientes y polluelos en sus nidos. Los investigadores observaron que el consumo de estos animales aumentaba sustancialmente durante los meses de mayor aridez, cuando la disponibilidad de frutos maduros descendía notablemente.

La caza de pequeñas presas pudo haber sido un recurso nutricional clave para los ancestros humanos en épocas de sequía, sirviendo como un peldaño antes de dar el salto a animales de mayor tamaño

Susana Carvalho, Parque Nacional de Gorongosa (Mozambique)

“Durante los periodos de escasez de fruta, los pequeños vertebrados se convierten en una fuente de alimento crucial”, explica Susana Carvalho, investigadora del Parque Nacional de Gorongosa (Mozambique) y coautora principal del estudio. “La caza de pequeñas presas pudo haber sido un recurso nutricional clave para los ancestros humanos en épocas de sequía, sirviendo como un peldaño evolutivo antes de dar el salto a la explotación de animales de mayor tamaño”.

El análisis de los datos reveló asimismo importantes asimetrías según el sexo y la edad de los primates. Los machos adultos mostraron una frecuencia de caza significativamente mayor que las hembras y se arriesgaron a perseguir presas potencialmente más peligrosas, como las serpientes. Pese a estas diferencias, la caza no fue una actividad exclusivamente individual: el equipo documentó cacerías cooperativas entre varios ejemplares y episodios de transferencia selectiva de alimento entre miembros del grupo.

En la gran mayoría de los casos, los monos devoraban de forma prioritaria el cerebro y los órganos internos

Un aspecto que llamó la atención de los primatólogos fue la precisión anatómica con la que los capuchinos procesaban a sus capturas. En la gran mayoría de los casos, los monos devoraban de forma prioritaria el cerebro y los órganos internos antes de consumir el resto del tejido muscular. Este comportamiento sugiere una búsqueda activa de tejidos ricos en grasas y nutrientes densos, una estrategia óptima para maximizar la ingesta calórica en un periodo de competencia con sus congéneres.

Claves para reinterpretar el registro fósil

Aunque los capuchinos no son un modelo directo de los antepasados humanos, su estudio permite analizar cómo la flexibilidad conductual evoluciona de manera independiente en especies distantes. “Este trabajo pone de manifiesto la necesidad crítica de realizar estudios de campo a largo plazo para comprender de manera fiable el comportamiento de especies de primates tan adaptables”, señala Noemi Spagnoletti, investigadora de la Universidad La Sapienza de Roma y coautora del trabajo.

Los autores sugieren que estos hallazgos obligan a revisar la interpretación del registro fósil sobre la alimentación de los primeros homínidos. El análisis de marcas de corte y restos óseos de pequeños vertebrados en yacimientos paleoantropológicos podría confirmar si nuestros antepasados utilizaron una estrategia similar de subsistencia antes de convertirse en cazadores de megafauna.

Referencia:

Susana Carvalho et al, “Small vertebrate consumption by capuchin monkeys (Sapajus libidinosus): Insights into the human predatory pattern”, PLOS One, 2026.

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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