Los árboles urbanos funcionan como infraestructuras ecológicas, ya que filtran contaminantes, reducen la temperatura mediante sombra y evapotranspiración, y regulan la escorrentía. De esta forma contribuyen a la salud y el confort de la población. Consciente de su valor, el Real Betis Balompié estrenó una camiseta hecha con pieles de naranja, uniendo fútbol y concienciación sobre el arbolado urbano.
Los árboles urbanos proporcionan servicios ecosistémicos fundamentales que impactan tanto en el medio ambiente como en la salud de las personas. Funcionan como sumideros de dióxido de carbono y, especialmente, como filtros de contaminantes atmosféricos, ya que retienen partículas finas y absorben gases nocivos como el dióxido de nitrógeno y el ozono troposférico.
Además, contribuyen a reducir la temperatura del aire mediante sombra y procesos de evapotranspiración, lo que ayuda a mitigar el efecto de isla de calor que afecta con fuerza a muchas ciudades mediterráneas. Este enfriamiento natural mejora la habitabilidad urbana y disminuye los riesgos asociados a olas de calor.
Asimismo, interviene en la gestión del agua: amortigua las escorrentías tras lluvias intensas y favorece una regulación hídrica más eficiente en las calles y plazas. Al mismo tiempo, ofrece hábitat para numerosas especies, reforzando la biodiversidad dentro del entorno urbano.
Por todo ello, los árboles de la ciudad deben considerarse una infraestructura ecológica esencial, con beneficios directos sobre la salud, el bienestar y la calidad de vida de la población.
En este contexto, el Real Betis Balompié ha puesto en marcha la campaña ‘La vida en verde comienza en el barrio’, que vincula la educación ambiental en los barrios con el modelo de cantera del club. La iniciativa busca sensibilizar sobre la protección del arbolado y los espacios verdes urbanos, clave para mitigar el efecto isla de calor, mejorar la calidad del aire y facilitar la gestión hídrica, especialmente en ciudades densamente pobladas.
En Sevilla las temperaturas veraniegas suelen superar los 35–40 °C/ unsplash
En Sevilla, los árboles urbanos no solo reducen la temperatura del aire, sino que disminuyen la exposición térmica de las personas en la calle. La sombra bloquea la radiación solar directa, enfriando pavimentos, fachadas y mobiliario. Se reduce la carga radiante que recibe el peatón, uno de los factores clave del estrés térmico veraniego.
La evapotranspiración, además, libera calor latente y refresca el entorno inmediato, disminuyendo la temperatura superficial de las hojas y mejorando el microclima bajo la copa cuando hay suficiente agua disponible.

En ciudades como Sevilla, donde el principal riesgo ambiental urbano es el calor extremo estival, el arbolado mejora el paisaje y el microclima y contribuye a disminuir la vulnerabilidad térmica

“En ciudades mediterráneas como Sevilla, donde el principal riesgo ambiental urbano es el calor extremo estival, el arbolado no solo mejora el paisaje: reduce la exposición radiativa, mejora el microclima y contribuye a disminuir la vulnerabilidad térmica”, dice a SINC Miguel Ángel Campano Laborda, investigador de la Universidad de Sevilla (US).
Por este motivo, el equipo de futbol sevillano cerró la jornada 25 de LaLiga frente al Rayo Vallecano estrenando una camiseta elaborada con pieles de naranja. La iniciativa, enmarcada en su plataforma de sostenibilidad Forever Green, busca poner en valor los árboles urbanos, especialmente los naranjos sevillanos, por su papel como reguladores climáticos, sistemas de drenaje natural y generadores de bienestar en los barrios.

Los naranjos de Sevilla representan la unión entre cultura y ecología: forman parte de la identidad de la ciudad y, al mismo tiempo, contribuyen activamente a mejorar su habitabilidad

“Los naranjos de Sevilla representan la unión entre cultura y ecología: forman parte de la identidad de la ciudad y, al mismo tiempo, contribuyen activamente a mejorar su ambiente y habitabilidad”, dice a SINC Eugenio Domínguez Vilches, catedrático emérito de Botánica de la Universidad de Córdoba (UCO), que respalda esta iniciativa.
Diagrama del efecto de isla de calor urbano, donde las superficies duras de la ciudad absorben y retienen más calor que las zonas verdes, aumentando la temperatura local. / skepticalscience.com
Existen numerosos estudios científicos que evidencian cómo el arbolado mejora la calidad del aire y tiene implicaciones sanitarias relevantes respecto al calor.
“Se ha demostrado que el arbolado puede retener partículas en suspensión, principalmente por deposición seca (con posible resuspensión local, no obstante), y contribuir a la reducción de ciertos contaminantes”, argumenta Campano Laborda.

Se ha demostrado que el arbolado puede retener partículas en suspensión, principalmente por deposición seca, y contribuir a la reducción de ciertos contaminantes

Un estudio publicado en la revista Environmental Pollution estimó la eliminación anual de contaminantes por el arbolado urbano en ciudades estadounidenses y su impacto sanitario. “El efecto suele ser moderado y depende de la morfología urbana, la ventilación y la escala considerada”, añade el investigador de la US.
En climas cálidos, la evidencia es especialmente clara respecto al estrés térmico. Revisiones como la publicada en Landscape and Urban Planning confirman reducciones significativas de temperatura en áreas con vegetación urbana.
Además, investigaciones epidemiológicas han mostrado una fuerte asociación entre temperaturas no óptimas y mortalidad en varios países europeos. “De ahí se deduce que cualquier medida urbana que reduzca la exposición térmica directa, como la sombra arbórea, tiene implicaciones sanitarias relevantes”, enfatiza Campano Laborda.
La camiseta combina un 16,2 % de fibra orgánica obtenida de naranjas, un 37,8 % de Lyocell —fibra regenerada a partir de celulosa de madera— y un 46 % de poliéster reciclado. Esta mezcla elimina el uso de plástico virgen y transforma residuos agrícolas y textiles en un tejido transpirable, resistente y de bajo impacto ambiental.
Además, los dorsales presentan textura perforada inspirada en la piel de la naranja y tecnología scratch and sniff, que libera olor a azahar mediante tintas sostenibles, lo que ofrece una experiencia sensorial que refuerza el mensaje de conciencia ambiental.
“El naranjo amargo (Citrus × aurantium) constituye uno de los elementos más característicos del paisaje urbano de Sevilla y forma parte de su identidad histórica desde hace siglos, aunque empezaron a plantarse ampliamente a partir de final del s XX. No se trata solo de un recurso ornamental, sino de un componente estructural del ecosistema urbano”, asegura el científico de la UCO.

El naranjo amargo constituye uno de los elementos más característicos del paisaje urbano de Sevilla y forma parte de su identidad histórica desde hace siglos

Desde el punto de vista botánico, es una especie perenne, bien adaptada al clima mediterráneo, con hojas coriáceas capaces de retener partículas atmosféricas durante todo el año. Desde el punto de vista cultural, representa la continuidad entre naturaleza y ciudad, entre tradición agrícola y espacio urbano. “Puede considerarse un auténtico símbolo biocultural, en el que convergen valores ecológicos, históricos y sociales”.
Patio de los Naranjos Sevilla. / Wikipedia
El cambio climático somete al arbolado urbano a condiciones de estrés cada vez más intensas, especialmente por el aumento de las temperaturas, la prolongación de los periodos de sequía y la mayor frecuencia de episodios extremos. Estas condiciones afectan a procesos fisiológicos básicos como la fotosíntesis, la transpiración y el equilibrio hídrico, reduciendo el vigor y la longevidad de los árboles.
Además, el estrés térmico y la escasez de agua los hacen más vulnerables a plagas y enfermedades. En el contexto del sur peninsular, donde las temperaturas estivales son ya muy elevadas, la correcta selección y gestión del arbolado urbano será un factor clave para garantizar su supervivencia y su función ambiental en las próximas décadas.
La selección de especies debe basarse en criterios ecológicos y fisiológicos rigurosos. Es fundamental priorizar especies adaptadas al clima local, especialmente a la sequía y a las altas temperaturas, con bajos requerimientos hídricos y buena tolerancia a la contaminación atmosférica.
“También es importante considerar características funcionales como la densidad y persistencia del follaje, que influyen en la capacidad de captación de contaminantes y en la provisión de sombra”.
Asimismo, debe evitarse la homogeneidad excesiva y favorecer una diversidad de especies que reduzca la vulnerabilidad frente a plagas o enfermedades. En definitiva, el arbolado urbano debe planificarse como un sistema ecológico, no únicamente como un elemento ornamental.
“Cuando la ciudadanía comprende que la sombra influye directamente en la habitabilidad del espacio público, se incrementa la demanda de intervenciones verdes. Sin embargo, la planificación urbana no puede basarse solo en la sensibilización, sino que debe sustentarse en análisis microclimáticos, morfología urbana, estudios de vulnerabilidad térmica y criterios técnicos claros”, asegura Campano Laborda.
Álvaro Valles con la nueva camiseta elaborada con naranjas. / Fundación Real Betis Balompié
Con esta acción, el Real Betis Balompié pretende demostrar cómo el fútbol puede convertirse en un altavoz global para la concienciación ambiental, al combinar innovación textil, ciencia urbana y educación ciudadana.
Para Domínguez Vilches, este tipo de iniciativas puede desempeñar un papel importante en la sensibilización social: “Cuando elementos cotidianos, como una prenda deportiva, incorporan materiales derivados de recursos naturales urbanos, se establece una conexión simbólica entre la vida diaria y los procesos ecológicos”. Esto contribuye a que la ciudadanía perciba el arbolado no solo como parte del paisaje, sino como un componente activo de la calidad ambiental y de la salud colectiva.

La alfabetización ecológica comienza precisamente cuando se comprende que el funcionamiento de la ciudad depende también de organismos vivos que forman parte de su infraestructura

Por su parte, Campano Laborda, destaca: “El deporte de masas tiene una capacidad de difusión social que pocas instituciones poseen. Asociar una iniciativa deportiva a un mensaje climático puede contribuir a ampliar la conversación pública, especialmente en ciudades donde el calor extremo forma parte de la experiencia cotidiana”.
Sin embargo, también matiza que la contribución real a la cultura ambiental dependerá de que el mensaje sea técnicamente sólido y no meramente simbólico. “Es relevante que iniciativas de este tipo incorporen el respaldo de la universidad pública, porque aporta evidencia, contraste y rigor científico. Esa colaboración ayuda a evitar simplificaciones y a situar el debate en términos técnicos verificables. El efecto será real solo si esa sensibilización se traduce en planificación y gestión coherentes.”.
“La alfabetización ecológica comienza precisamente cuando se comprende que el funcionamiento de la ciudad depende también de organismos vivos que forman parte de su infraestructura”, concluye el catedrático en botánica.