Noche de Halloween

‘Backrooms’: por qué puede aterrarnos un laberinto de pasillos vacíos

Con motivo de la celebración anual de la noche de Halloween, indagamos en la ciencia de uno de los estrenos de terror más aplaudidos y originales de este 2026. Nacida en foros online y redes sociales a partir de una simple imagen en apariencia insulsa, la idea representa una forma de miedo sutil, capaz de pulsar una tecla recóndita de la psicología humana.

Backrooms
Esta foto anodina de un almacén vacío dio origen a un fenómeno online y una película con una forma particular de terror. / Bob Mazza | Wikimedia Commons

En 2019, un usuario anónimo del foro web 4chan abrió un hilo invitando a compartir imágenes extrañas que resultaran perturbadoras. El post se acompañaba de una foto aparentemente anodina con un origen de lo más vulgar. Según se supo después, fue tomada en 2002 durante la renovación de un almacén de muebles en un pueblo de Wisconsin (EE UU), y mostraba una sala vacía con luces fluorescentes y unos tonos amarillentos que probablemente no eran reales, sino efecto de un mal balance de blancos de la cámara.

Otro usuario envió un comentario a la imagen, advirtiendo del riesgo de acabar en los Backrooms (cuarto trasero o trastienda) si se hacía noclip en las áreas equivocadas; este es un término empleado en el mundo de los videojuegos en referencia a una función que permite salirse del recorrido obligatorio atravesando paredes y obstáculos. El comentario describía el ambiente opresivo de “600 millones de millas cuadradas de habitaciones vacías aleatoriamente segmentadas”, en las que acechaban ignotas criaturas.

La foto fue tomada en 2002 durante la renovación de un almacén de muebles en Wisconsin

Así nació un nuevo creepypasta, como se denomina en internet a leyendas urbanas o contenidos terroríficos que se propagan a través de redes sociales, foros y blogs, creciendo con las aportaciones de los usuarios. En 2022 el youtuber californiano y artista de efectos visuales Kane Parsons (bajo el seudónimo Kane Pixels), de 16 años, publicó un vídeo que llevaba el universo Backrooms a la animación digital: The Backrooms (Found Footage).

De ‘creepypasta’ a la gran pantalla

El vídeo de Parsons se enmarca en el subgénero de terror analógico, muy asociado al creepypasta y que utiliza un formato de metraje encontrado con un punto de vista en primera persona. Simula una grabación en VHS tomada en 1991 por un cámara amateur que de repente se ve absorbido al mundo de Backrooms, donde se pierde en un laberinto incoherente e infinito bajo el acoso de un extraño ser. El corto fue un fenómeno viral: hoy acumula casi 100 millones de visualizaciones y se ha expandido a una serie de 25 episodios.

El corto fue un fenómeno viral, con casi 100 millones de visualizaciones y una serie de 25 episodios

El formato de metraje encontrado se popularizó con El proyecto de la bruja de Blair (1999) y se ha explotado una y otra vez en el cine de terror. “El punto de vista trae la experiencia aquí”, resume a SINC el psiquiatra Arash Javanbakht, director fundador de la Clínica de Investigación del Estrés, el Trauma y la Ansiedad en la Universidad Estatal Wayne y autor del libro Afraid: Understanding the Purpose of Fear, and Harnessing the Power of Anxiety (Bloomsbury, 2023). “Y cuanto más aquí se siente la experiencia, más escalofriante”.

Esta perspectiva en primera persona se emplea también a menudo en los videojuegos: “Es la imposibilidad de escapar y la claustrofobia de los espacios estrechos, y el hecho de que en este punto de vista no se ve lo que hay detrás”, dice Javanbakht. El formato de metraje encontrado se ha mantenido parcialmente en la versión cinematográfica de Backrooms, cuya dirección fue encargada al propio Parsons por la productora independiente A24. La película, estrenada en 2026, ha cosechado críticas favorables y una efusiva recepción en taquilla.

 

Espacio inquietante

Todo lo anterior no parecería demasiado excepcional. Existen otros ejemplos de argumentos nacidos en las comunidades de internet que han cruzado la frontera al gran cine comercial; un ejemplo previo en el terreno del creepypasta es Slender Man (2018), sobre un ente siniestro que arrastra niños al bosque y que en la película fue interpretado por el español Javier Botet. Pero en aquel caso, como en la inmensa mayoría del cine de terror, es un personaje el generador del miedo, ya sea monstruo, fantasma, demonio, alienígena o asesino psicópata.

Es el propio espacio el que engendra las sensaciones inquietantes que han tirado de una audiencia masiva

En Backrooms no. Y es lo que hace a este fenómeno diferente y digno de estudio: es el propio espacio el que engendra las sensaciones inquietantes que han tirado de una audiencia masiva. Los lugares han sido esenciales en la creación de clima en infinidad de películas del género, desde el bosque oscuro a la mansión tenebrosa. Pero son meros escenarios donde se esconde la entidad malévola de turno. En Backrooms no importan tanto los posibles moradores; fue la imagen de un espacio insustancial la que excitó la imaginación de cientos de miles.

Todo lo cual ha llamado la atención de académicos y científicos. ¿Qué tienen de especial los espacios de Backrooms? La ciencia recoge qué efectos nos causa el miedo de ficción: una reacción cerebral y corporal de tipo similar a la respuesta de estrés de “lucha o huida” que sufrimos ante una amenaza real, pero de menor intensidad y moderada por la consciencia racional de que no hay peligro alguno. Pero ¿qué nos ocurre ante la visión de un entorno que no es oscuro ni siniestro, sino luminoso y aburrido, donde no se sugiere nada macabro?

Un hotel que no cuadra

Aunque el decorado más típico para los monstruos del cine haya sido por norma algún edificio sombrío y ominoso, Backrooms cuenta con un ilustre precedente, una película que en 1980 anticipó el uso de un espacio de apariencia cotidiana e inocente con resultados espeluznantes. Con El resplandor, Stanley Kubrick logró algo reservado a ciertos grandes genios: una creación en su día discutida, que el paso del tiempo elevó a la categoría de obra maestra.

El Hotel Overlook de 'El resplandor' es un espacio físicamente imposible donde nada cuadra

Los salones, pasillos, habitaciones y cocinas del Hotel Overlook donde transcurre la trama se crearon en un estudio británico. Y aunque se tomaron como referencia lugares reales, el decorado se diferencia en algo crucial: es un espacio físicamente imposible. Cualquier espectador atento puede observar que nada cuadra; hay ventanas donde no podrían abrirse al exterior, puertas que no conducirían a ningún sitio y salones donde no hay lugar para ellos.

“El Overlook parece un hotel perfectamente normal, pero cuando tratas de entender el plano de su planta, las cosas no encajan”, comenta a SINC el arquitecto Anthony Chieh, director del estudio californiano AC-AD. Su canal de YouTube A Quiet Side of Architecture explora la capacidad de los espacios construidos, reales o de ficción, de suscitar emociones y recuerdos. Basándose en la película, Chieh ha creado una réplica virtual en 3D del hotel, con un modelo navegable de libre descarga. La conclusión es que el Overlook carece de toda lógica.

Parece un hotel perfectamente normal, pero cuando tratas de entender el plano de su planta, las cosas no encajan

Anthony Chieh, director del estudio de arquitectura AC-AD

La trampa del laberinto

Sería fácil liquidar estas inconsistencias atribuyendo a Kubrick desinterés o descuido. Pero se trata de lo contrario: diseñó a propósito un espacio laberíntico para transmitir desasosiego. En una entrevista de 1980 con el escritor español Vicente Molina Foix, el cineasta evocó al autor de horror H. P. Lovecraft —precursor en el uso pavoroso de espacios imposibles— cuando afirmaba que para maximizar el miedo no debía explicarse lo que ocurría, sino estimular la imaginación y el sentimiento de inquietud y ansiedad.

El laberinto es la idea sobre la que se construye toda la película, con un fin: la sensación de que no hay salida

“Naturalmente construimos mapas mentales de nuestro entorno”, dice Chieh. “Esperamos que los pasillos lleven a algún sitio, que las habitaciones tengan propósito y que los espacios sigan reglas. Cuando estas expectativas se rompen, nos sentimos incómodos, incluso si no sabemos expresar por qué”. El arquitecto expone que Kubrick hizo entrar esta sensación en nuestra percepción sirviéndose de la escala, la luz y la perspectiva. La ubicación y el movimiento de la cámara reflejaban el punto de vista del hotel como un personaje observando a los humanos.

Así, el laberinto no es solo la retícula de setos donde transcurre la escena final, cuando Jack Torrance —el personaje interpretado por Jack Nicholson— persigue a su hijo; “es la idea sobre la que se construye toda la película”. Y con un fin: “La sensación de que no hay salida”, concluye Chieh. El Overlook no es un simple escenario. Es el monstruo, una trampa que atrapa a quien cae en ella para robarle la orientación y el sentido de la realidad. No son los fantasmas quienes acaban con la vida de Torrance, sino el hotel.

‘Creepiness’, sensación de espanto

“Backrooms lleva esto más allá”, subraya Chieh. “Todo parece familiar, desde la iluminación fluorescente a los interminables corredores de oficinas, pero no hay un destino claro ni una sensación de dirección”. Como El resplandor, el universo de Backrooms se construye sobre el espacio. Y la desazón que nos imprime es más sutil que el terror desatado de otras películas; es lo que la psicología estudia bajo un concepto relativamente nuevo, “creepiness”.

La desazón que nos imprime el universo de Backrooms es más sutil que el terror desatado de otras películas

“Creepiness es una respuesta psicológica a situaciones caracterizadas por una ambigüedad de amenaza, es decir, sospechamos que puede haber un peligro pero no estamos seguros”, define a SINC Mathias Clasen, codirector del Laboratorio de Miedo Recreativo en la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y autor del libro A Very Nervous Person's Guide to Horror Movies (Oxford University Press, 2022), entre otros.

El término creepiness no tiene una traducción única y directa al castellano; es una sensación de espanto o de inquietud ante algo siniestro, ya sea un lugar, un objeto o una persona. “Es el tipo de terror epistemológico que Backrooms y similares aprovechan, una respuesta de temor más discreta que el miedo total de otros terrores más tradicionales”, señala Clasen.

Espacios liminales

No sabemos si esta reacción psicológica tiene un reflejo corporal similar al terror clásico: “El estudio del creepiness es tan nuevo que aún nadie ha intentado medir la respuesta fisiológica”, indica a SINC el psicólogo del Knox College Francis McAndrew, pionero en esta materia y la principal autoridad de referencia. El experto resalta que “un simple espacio puede inquietarnos, incluso en ausencia de monstruos o criaturas; nos sentimos incómodos en espacios que no tienen lógica, y nos resulta cognitivamente arduo tratar de darles sentido”.

Los espacios liminales nos resultan tan familiares como extraños cuando no cumplen las reglas esperadas

McAndrew explica que a la sensación de hallarnos atrapados o perdidos se une que los espacios de Backrooms no tienen un propósito o función. Este ha sido uno de los factores que más se han destacado, su condición de lugares de paso sin un uso de por sí: se definen como espacios liminales, y nos resultan tan familiares como extraños cuando no cumplen las reglas esperadas; por ejemplo, un aeropuerto vacío. “La ausencia de gente”, precisa Chieh. “Son espacios designados para la actividad humana, y sin embargo están completamente vacíos”.

Los rasgos espaciales anómalos se combinan para transmitir ese desasosiego de Backrooms. El psicólogo y neurocientífico cognitivo Alexander Diel, actualmente en el Hospital Universitario LVR de Essen (Alemania), ha investigado cómo las desviaciones estructurales en los espacios construidos nos producen un efecto peculiar: así como en robótica se define como valle inquietante nuestro rechazo a las réplicas humanas por sus imperfecciones, Diel sostiene que existe también un valle inquietante de los lugares físicos cuando no se ajustan a lo esperado.

El estudio del creepiness es tan nuevo que aún nadie ha intentado medir la respuesta fisiológica

Francis McAndrew, Knox College

El valle inquietante

En los estudios de Diel, los sujetos describieron como más inquietantes y extraños los lugares que mostraban desviaciones como la ausencia de algo esperado —un mueble o una puerta—, las posiciones erróneas —una puerta que no conecta nada—, la distorsión de tamaños o la repetición excesiva de patrones. “De hecho, incluimos la imagen original de Backrooms y fue calificada como una de las más inquietantes por su monotonía o repetitividad y la ausencia de rasgos o vacuidad”, apunta el investigador a SINC.

La presencia de gente tiene efectos opuestos dependiendo del tipo de espacio

Curiosamente, la presencia de gente tenía efectos opuestos dependiendo del tipo de espacio; reduce el valle inquietante en los lugares públicos, pero lo aumenta en los privados. Tan anómalo nos resulta ver extraños en el salón de casa como no encontrar a nadie en un centro comercial. En el caso de Backrooms, los espacios liminales deberían estar poblados, y el experimento de Diel confirma que nos inquietan cuando están desiertos.

Los espacios liminales se interpretan también metafóricamente: “Es una fase de transición, como entre etapas de la vida, algo que acaba y algo nuevo que empieza”, reflexiona Diel. Backrooms y su protagonista, un arquitecto fracasado que dirige una fallida tienda de muebles y se pierde en un laberinto sin sentido ni salida; toda una alegoría sobre la trampa en la que nos sentimos atrapados cuando no se cumplen las expectativas que la vida nos prometió, o que creímos que nos prometía. ¿Hay un horror más auténtico?

Un espacio liminal es también metafóricamente una fase de transición, como entre etapas de la vida, algo que acaba y algo nuevo que empieza

Alexander Diel, Hospital Universitario LVR de Essen

 

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons
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