Othnielosaurus fue un pequeño dinosaurio bípedo de menos de dos metros de longitud y 15 kilos de peso que vivió a finales del Jurásico en lo que hoy es Norteamérica. Los fósiles de un individuo de esta especie, de hábitos vegetarianos, revelan que sufrió dos fracturas en su pie izquierdo, además de artritis, lo que le provocó una cojera que pudo acelerar su muerte.
La ingesta de lácteos fue muy desigual entre las primeras poblaciones neolíticas de la Europa occidental. Hubo un menor consumo en las regiones del sur de la costa atlántica, península Ibérica y Francia que en las del norte. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio que ha recuperado y analizado los residuos de las cerámicas de hace entre 7.500 y 5.500 años.
En la saga de Harry Potter, una de las Casas, fundada por un mago capaz de hablar con las serpientes, tenía un emblema de fondo verde con uno de estos animales. Los científicos se inspiraron en este personaje ficticio para nombrar una nueva víbora de color verde, descubierta en el Himalaya indio y protagonista de nuestro #Cienciaalobestia.
Los restos fósiles de zorro de los últimos cuatro millones de años se habían atribuido a diferentes especies de este carnívoro. Un estudio de investigadores españoles e italianos lo desmiente y afirma que, en realidad, el zorro rojo actual deriva de una única especie extinta, el Vulpes alopecoides.
El año pasado se alertó de una catastrófica disminución de insectos debido a la pérdida de hábitat, el cambio climático y la contaminación. Ahora, un nuevo estudio suaviza los términos y apunta que, aunque la población de las especies terrestres está mermando, la de las acuáticas parece estar incrementando.
Hasta ahora, se pensaba que, por sus adaptaciones craneodentales, la dieta de los primeros homínidos como el Homo erectus estaba compuesta por alimentos duros, como semillas o nueces. Ahora, un nuevo estudio, que ha utilizado modelos computacionales, confirma la hipótesis contraria: estos primeros humanos tenían una dieta basada en alimentos blandos como frutas y bayas.
No hay errata. Sí, así, con mayúscula y minúscula al mismo tiempo, deberíamos escribir siempre esa palabra que tanto abraza. Más, mucho más que a nosotros, tan solo uno de los inquilinos de un planeta mal bautizado, a los que precisamente ahora se nos ha amputado la posibilidad de abrazarnos los unos a los otros.
Hoy celebramos el Día de la Tierra, y van 50 años. Si echamos la vista atrás, veremos que han cambiado muchas cosas. Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, habla en SINC de los desafíos ambientales y cómo afrontarlos con la mirada en el futuro.
En las últimas cinco décadas la ciencia ha vivido ciertos triunfos en la protección ambiental, pero también fracasos. En plena pandemia por COVID-19 y ante desafíos ambientales como la crisis climática y de la biodiversidad, este Día de la Tierra recuerda más que nunca la necesidad de cuidar a la vez la salud ambiental, animal y humana.
Con la pandemia de COVID-19 estamos sufriendo las consecuencias de una falta de reacción global y es muy probable que también las suframos por el cambio climático. Ambas crisis nos ponen ante un espejo en el que no quedamos reflejados como seres tan racionales: entender es secundario, la experiencia es clave.