Comparación de la morfología de UW 88-886 (los restos fósiles de Malala), P. angusticeps (en el centro) y P. izodi (derecha). / Wits University
Hace entre 20 y 25 millones de años, Norteamérica pasó de ser un lugar boscoso con clima cálido a una llanura de grandes extensiones con clima seco y frío. Este cambio en la vegetación afectó a la evolución de los cánidos, que se volvieron más gráciles y estilizados al cambiar sus métodos de caza. Así lo revela un estudio internacional liderado por un científico español.
Investigadores españoles han participado en el análisis de la falange de un homínido de hace 1,9 millones de años. Aunque no se ha identificado la especie a la que pertenecía, sí se sabe que ya se había adaptado a la vida terrestre y realizaba el mismo tipo de tareas que los humanos actuales. Es, por tanto, el hueso más antiguo perteneciente a una mano considerada moderna por su morfología y funcionalidad.
Un equipo internacional de paleobotánicos con participación española ha identificado una planta acuática de agua dulce con una antigüedad de entre 130 y 125 millones de años, por lo que podría ser una de las primeras plantas con flor o angiospermas. El fósil de Montsechia vidalii se encontró por primera vez hace un siglo en el yacimiento de El Montsec en Lérida, y en los años 80 aparecieron fósiles en el de Las Hoyas en Cuenca.
Que haya muchas especies diferentes en una isla no significa que su forma de interactuar con el ecosistema, medida a partir de su diversidad funcional –rasgos morfológicos, desarrollo y estrategias de ataque– varíe significativamente de unas a otras, según un estudio en el que participa el Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Espécimen intacto y completo del fósil de Montsechia vidalii. Los fragmentos que se suelen encontrar son pequeños y parciales. / David Dilcher
Este es el único fósil de salamandra preservado en ámbar que se conoce. Se encontró en la República Dominicana, donde en la actualidad no existen salamandras. / George Poinar, Jr., courtesy of Oregon State University
A menudo se asume que la caza de algunos machos de animales como trofeos no tiene efectos en la conservación de estas especies, aunque apenas existen estudios sobre ello. Ahora, un equipo internacional de científicos, con participación española, ha explorado el caso del urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus). Los resultados del análisis genético de estas aves apuntan a la caza selectiva de machos reproductores como la causa más probable del inicio del descenso poblacional.
Premio del público, Mollusca: Gastropoda. / Felipe Portilla Araya