Un estudio liderado por el Instituto de Biología Evolutiva y el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona recupera por primera vez el genoma de Xerces Blue, la primera mariposa en extinguirse en tiempos históricos. Los patrones genéticos encontrados podrían servir para identificar otros insectos en peligro de extinción.
Miles de muestras de ADN de la extraordinaria riqueza biológica de este archipiélago, desde las formas de vida más grandes hasta las más microscópicas, se almacenan ultracongeladas en el Centro de Ciencia de Galápagos. Además, con el proyecto Barcode (código de barras), sus investigadores crearán una base de datos genética de esta gran biodiversidad.
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana del CSIC determina que se necesitan 1.100 hembras reproductivas para garantizar la viabilidad genética de la especie, el triple del censo de 2022. Los científicos indican que será indispensable la expansión de las subpoblaciones existentes o la creación de nuevas poblaciones en áreas que muestren un alto potencial de crecimiento.
Entre los galardonados de este año, se encuentran los investigadores que han conseguido diseñar nuevas proteínas mediante inteligencia artificial, con el fin de crear terapias frente a múltiples enfermedades, y los descubridores de un ‘efecto invernadero’ de hace 56 millones de años que permite predecir el cambio climático actual.
Tras analizar más de 3.000 conflictos socioambientales en todo el mundo, científicos de una decena de universidades confirman el impacto negativo que tiene el desarrollo industrial sobre las formas de vida, las tierras y los derechos de las comunidades indígenas.
Un equipo de paleontólogos descubrió en la Patagonia argentina los restos de un organismo desconocido y lo bautizó con el apellido del campeón mundial de fútbol. Sin embargo, no se trata de un colosal dinosaurio ni de un atlético depredador sino de una especie marina de pequeño tamaño, tan rara como resiliente.
Gran parte de los avances en producción agrícola se lograron casi sin evaluación de la pérdida de ecosistemas. En las últimas décadas se ha conseguido una mayor disponibilidad de alimentos, al tiempo que aumentaban amenazas como la erosión o la salinización, pero las nuevas estrategias europeas comienzan a considerar el suelo como un sistema vivo que establece relaciones con las especies que lo habitan.
Un estudio liderado por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía ha probado esta metodología en Cala Millor (Mallorca), el primer lugar con presencia de Posidonia oceánica donde se aplican herramientas de monitorización batimétrica. Los resultados suponen un avance en el desarrollo de esta tecnología para fondos marinos.