Científicos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana ha hecho una revisión de la mandíbula de Mountmarin-La Nicherealiza, un fósil humano hallado en 1949 al sur de Francia, cuyas características respaldan la hipótesis de la evolución en mosaico del linaje neandertal. Los restos tienen una antigüedad de entre 200.000 y 240.000 años, y su estructura es muy arcaica con piezas dentales indiscutiblemente neandertales.
Los insectos comprenden el grupo de animales más diverso con cerca de un millón de especies descritas, unas tres cuartas partes del total de las especies que viven en la Tierra. Una de las principales hipótesis que explica esta amplia diversificación es la adquisición de la capacidad de volar gracias al desarrollo del ala mucho tiempo antes que ningún vertebrado, hace unos 350 millones de años. Un nuevo estudio demuestra ahora que las dos principales teorías sobre el origen del ala son parcialmente correctas.
La extinción de Oreopithecus bambolii, el último primate europeo del Mioceno, se produjo a causa de la irrupción de nuevas especies continentales que compitieron y depredaron sobre él. Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, que también ha detectado una inestabilidad en el clima, pero los investigadores descartan que fuese suficiente para provocar su desaparición.
Un equipo internacional de astrónomos ha presentado los mapas del movimiento orbital de las estrellas incluidas en trescientas galaxias, lo que proporciona una información fundamental para saber cómo se formaron y evolucionaron. El avance ha sido posible gracias al sondeo CALIFA, un proyecto liderado desde el Observatorio de Calar Alto en España.
Un equipo de científicos de la Universidad de Valencia ha reconstruido la forma del cuerpo de un pez extinto a partir de sus fósiles, basándose en la morfología y locomoción de tiburones actuales. El hallazgo revela que dentro de los peces que nadan de forma continua y activa, los animales más grandes necesitan colas o aletas caudales proporcionalmente más amplias debido a la necesidad de compensar su pérdida de flotabilidad, como le ocurría a Dunkleosteus terrelli, el placodermo carnívoro de mayor tamaño descrito hasta el momento.
Un azúcar denominado Neu5Gc, presente en las carnes rojas, algunos pescados y productos lácteos, está relacionado con la aparición de tumores espontáneos en humanos. Investigadores de la Universidad de Nevada, Reno (EE UU), liderados por el español David Álvarez Ponce, han analizado la historia evolutiva del gen CMAH –quepermite la síntesis de este azúcar– y revelan qué grupos de animales han perdido el gen y por lo tanto son más apropiados para el consumo humano y para trasplantes de órganos.
Un estudio del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas ha analizado el genoma de 68 mamíferos, entre ellos nuestra especie, y han identificado 6.000 familias de genes exclusivos de estos animales. Los expertos los han distribuido en el árbol evolutivo en función del momento en el cual se originaron y han estudiado sus propiedades y funciones. Los resultados se han publicado en Genome Biology and Evolution.
Un estudio publicado en Nature Communications revela cómo los mismos genes reguladores se han utilizado para generar diferentes órganos y estructuras biológicas en los seres vivos durante el proceso evolutivo. El trabajo demuestra cómo una mutación sin sentido aparente hace más de 700 millones de años fue el motor molecular de complejas novedades morfológicas en varios vertebrados, incluida la especie humana.
Un estudio publicado en la revista Scientific Reports, basado en las muestras de más de doscientos hombres de África del Norte, Oriente Medio y la península Ibérica, arroja luz sobre los procesos históricos y demográficos ocurridos en el pasado en África del Norte, gracias al análisis de la variante E-M183 del cromosoma Y. Esta variante también se ha encontrado en momias guanches, señalando al norte de África como la región de origen más probable de los aborígenes canarios.
A partir de una base de datos con información de 7.904 individuos, elaborada por investigadores de centros españoles, ingleses y belgas, los científicos saben ahora cómo evolucionaron las glándulas foliculares epidérmicas implicadas en la comunicación química en reptiles. Este tipo de estructuras es una de las principales formas de comunicación en animales y su composición y forma varía mucho de unas especies a otras.