Un análisis de la topografía y las condiciones de radiación en las regiones polares lunares revela que existen nichos microclimáticos donde bacterias y hongos extremófilos traídos por misiones humanas podrían mantenerse viables en estado latente.
En la madrugada del 27 al 28 de agosto, a las 04:34h, comenzará un eclipse parcial de Luna, en el que la superficie del satélite quedará oscurecida por la sombra de la Tierra. Para este fenómeno no es necesario usar gafas ni filtros especiales.
Un eclipse solar es mucho más que un espectáculo visual. Detrás de la alineación del Sol, la Luna y la Tierra hay un complejo cálculo matemático que permite predecir con gran precisión cuándo y dónde ocurrirá. La geometría, la trigonometría y la mecánica celeste convierten así un fenómeno natural en una de las predicciones más precisas de la astronomía.
La agencia espacial estadounidense calificó el hecho como un evento seguro y sin riesgo para la Tierra ni para las misiones que operan en la Luna. El análisis del cráter causado por el impacto permitirá estudiar cómo se forman estas estructuras en distintos cuerpos del sistema solar
SORA‑Q es un pequeño robot de apenas ocho centímetros de diámetro que formó parte de la misión japonesa SLIM. La nave llegó a la superficie lunar en enero de 2024 y, tras el aterrizaje, el dispositivo se desplegó desde una esfera compacta hasta convertirse en un vehículo con ruedas capaz de desplazarse por el terreno y enviar imágenes a la Tierra.
La cápsula Orión, del programa Artemis II, ha amerizado en el Pacífico, frente a la costa de San Diego, exactamente la hora programada. De las 2 600 toneladas que despegaron de Cabo Cañaveral hace 10 días, solo han regresado unas 9,3. Proporcionalmente, es como si de una botella de vino entera solo hubiese vuelto el tapón.
La misión tripulada de la NASA entra en su fase final con la nave Orión ya en trayectoria de regreso. La cápsula amerizará a las 20:07 horas del viernes en Estados Unidos y a las 02:07 horas de la madrugada del sábado en España, en el océano Pacífico frente a California.
La misión permitió a los astronautas observar desde la órbita lunar una de las estructuras geológicas más enigmáticas del satélite. Las observaciones humanas directas aportan matices que no recogen las imágenes automáticas.
Cuando el Sol se pone en el horizonte, las farolas empiezan a encenderse para iluminar la vida nocturna, un hecho que puede observarse desde el espacio exterior. Un estudio ha analizado millones de imágenes de la Tierra, en las que se muestra que el planeta ‘parpadea’ debido a cambios en la emisión de estas luces artificiales.
Con la Luna ya atrás y el amerizaje en el horizonte, la misión avanza hacia su fase final tras una semana de vuelos y pruebas clave en el espacio profundo. Las próximas horas estarán marcadas por ajustes técnicos y preparativos a bordo mientras la NASA afina los planes para el regreso seguro de la tripulación.