En medio de olas de calor extremas y temperaturas medias que no paran de crecer cada año por la crisis climática, el uso del aire acondicionado se está volviendo prácticamente imprescindible en muchos lugares. Sin embargo, también contribuye a su vez al calentamiento del planeta y su utilización no está al alcance de todo el mundo.
El aire acondicionado puede ser necesario en determinados momentos, especialmente durante episodios extremos o en espacios vulnerables. Sin embargo, convertirlo en la única solución tiene sus inconvenientes. No todos los colegios tienen la misma capacidad económica o técnica para instalar, usar y mantener estos sistemas.
Entre el 21 y el 25 de junio, la primera ola de calor del verano concentró un tercio de las defunciones estimadas por el exceso de temperatura. Más del 97 % de estos fallecimientos se asocia al agravamiento de enfermedades previas y no a golpes de calor.
Al aumento de la temperatura media global del aire se une ahora la ocurrencia, año tras año, de estos fenómenos. Todo ello a causa del cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
La exposición a al menos 1 día de estrés térmico extremo ha aumentado del 16 % al 22 % de la población global respecto a la década de 1970, lo que equivale a mil millones de personas adicionales. Esta carga de calor depende de múltiples factores ambientales, como la temperatura, la humedad, el viento y la radiación solar.
Mediante simulaciones de alta resolución en el área metropolitana de Barcelona, un equipo científico ha evaluado la eficacia de distintas intervenciones sobre tejados y espacios verdes para proteger a la población durante las olas de calor.
Según un estudio internacional, el planeta se encamina a superar en torno a ese año el límite de 1,5 grados de calentamiento respecto a la era preindustrial, debido al aumento continuado de las emisiones de gases de efecto invernadero. El informe advierte de que el sistema climático se está calentando a un ritmo récord, con impactos ya visibles en océanos y ecosistemas.
Un nuevo estudio ha detectado emisiones significativas de tolueno en encinares mediterráneos, especialmente durante episodios extremos de calor y sequía. Este hallazgo sugiere que el compuesto podría utilizarse como indicador del estado fisiológico de estos ecosistemas.
Un informe de la Organización Meteorológica Mundial señala que en 2025 las comunidades procedentes de estos países se vieron afectadas por graves episodios de calor, sequías, lluvias extremas, ciclones tropicales y el calentamiento de los océanos, lo que agudizó los riesgos a los que se someten los ecosistemas terrestres y marinos.
Una nueva investigación revela que las olas de calor en la última década han tenido impacto sobre más del 60 % del área del Mediterráneo occidental. El impacto de este fenómeno sobre el ecosistema varía en velocidad.