Este método, desarrollado por investigadores del CSIC, genera una señal visible que permite identificar de forma precoz la presencia de organismos transmisores de enfermedades en los cultivos y mejorar su seguimiento en el campo.
El Mediterráneo es una de las regiones más vulnerables y casi el 90 % de su superficie forestal podría sufrir un aumento de estas perturbaciones. Entre las consecuencias, los bosques serán cada vez más jóvenes y con menor capacidad de actuar como sumideros de carbono. Sin embargo, el equipo transmite un mensaje de esperanza, ya que si se reducen de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento de perturbaciones forestales podría limitarse a un 20 %.
Investigadores del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas ha descubierto cómo actúa el butanoato de hexenilo, aroma que emiten las plantas de este cultivo para resistir a las bacterias. La aplicación ya ha sido licenciada a la empresa Químicas Meristem.
Científicos de la Universidad del País Vasco y de la Estación Biológica de Doñana han estudiado un grupo de murciélagos de cueva (Miniopterus schreibersii) en la Sierra de San Cristóbal, ubicada en el Puerto de Santa María, en Cádiz. Esta colonia llega a eliminar unas 60.000 polillas de procesionaria cada noche durante buena parte de los meses de agosto y septiembre.
Algunos agricultores introducen en sus invernaderos a estos pequeños animales invertebrados que devoran las plagas, porque son la única alternativa para acabar con ellas. Para que sea eficaz, es importante que permanezcan en el cultivo incluso cuando no haya plagas dañinas. Esto requiere una monitorización constante.
Estos pequeños felinos mastican y se revuelcan instintivamente en hierba gatera y vid de plata para aumentar hasta diez veces la secreción de sustancias insecticidas y transmitirlas a su pelaje. Son los protagonistas del #Cienciaalobestia de esta semana.
Un equipo internacional de investigadores ha identificado los principales factores de vulnerabilidad a la crisis climática de los bosques europeos. Los datos aportados por los algoritmos contribuyen a mejorar la gestión de dichos ecosistemas naturales.
Para tratar la plaga más dañina con el olivo en nuestro país, la de la mosca Bactrocera oleae, se han empleado principalmente insecticidas organofosforados. Su uso desmedido está detrás del incremento de su resistencia genética a estos pesticidas, según un estudio liderado por la Universidad Complutense de Madrid.
La tecnología, desarrollada por un equipo del CSIC y la Universidad Politécnica de Valencia, está basada en producir de forma rápida y barata grandes cantidades de moléculas de ARN bicatenarios, capaces de neutralizar los genes de las plagas y patógenos de plantas.